Sombras, ¿luz?
Declina la luz. Se reducen las sombras. El cielo ha devuelto al pueblo su antiguo carácter de región cruzada por la infancia. M vuelve del huerto, de la casa encantada. De su antiguo trozo de tierra. Estuvo acompañada de la soledad más grave durante horas. Descalza contempló el suceder de su espacio, inexorablemente ocupado por esos aromas que tantos momentos remotos le habían hecho vivir. Únicamente dos días le separaban de su última estancia en la ciudad de G. Ahora ella intenta recomponer lo poco que queda tras su pecho.
Alegremente comienza a salir de su estado de putrefacción. Poco a poco vuelve a encontrarse a sí misma. Esos últimos días de calor despiadado, de luz blanca, de documentos ensangrentados, todavía martillean en su cabeza. Ha sido difícil y ahora hay materias que pesan como lápidas.
La mirada de su padre va a quedar para siempre. ¿Será piedad, lástima, dolor, fuerza? ¡Ay!, Dios, ¿qué será? Y sin embargo el padre sigue dándole el aliento que necesita. Sin palabras.
A cada paso ella intenta recordar cada una de las escenas. Una representación, un sueño tan dulce como violento han sido estos nueve meses. Y acaba de nacer otra vertiente dentro de su ya lastimado corazón. Nunca hasta ahora había sentido ese amor hacia sí misma.
Ella sigue contemplando el tiempo y en cada imagen aparece él; esa vitalidad, esa simpatía. Su sonrisa. ¿Cómo olvidar sus ojos de mayo nocturno? ¿Cómo desterrar tantos y tantos días? Él está pululando en cada expresión suya. El pasado se vuelve contra ella como un continuo mensajero sin escrúpulos, en un suceder de bocas, de fauces grasientas. Se agolpan a veces todos los momentos rebosando la pantalla más larga…
En su sosiego, ella descubre a duras penas la cortina que tapa sus ojos. Ella observa cómo unos brazos la rodean. Se vuelve y una mirada cruza todo lo que derramó su interior en magníficas corrientes hace ya un par de años. Después de todo es consciente de que no podrá dejarlo nunca.
Nada más débil que la naturaleza humana. Nos aferramos como hiedra a un suspiro sin saber que detrás se cultivaron fértiles campos. Sufrir la más de las veces. Jugar con la realidad hasta vapulearla. Pero no acabes contigo misma. Nunca…
Una salida
Deambulo por las paredes del intestino. Busco una salida. Miro hacia arriba y no veo luz. Es agotador este laberinto siniestro y oscuro. Voy de esfínter en esfínter, de boca en boca, de agujero en agujero, vomitándome a mí mismo. Percibo un funesto orden en este tremendo caos, paradigmático desorden de seres y no-seres que me cansa. Atribulado despierto en un rincón visceral, nebulosa vespertina y agria de este tremendo universo. Y me revuelvo otra vez en este aciago mundo sin saber qué camino tomar. Embadurnado de baba sideral, de puro saber, de mágicos alardes estelares, voy cansado y al tiempo furibundo buscando una salida. He traspasado tiernas paredes, he sido volteado en un éter glacial para ser automáticamente absorbido por una caverna atemporal. Me encuentro en un estado de perplejidad absoluta. ¿He salido? ¿O he vuelto a caer en el túnel de mi no-tiempo?