Prosario

Creo en Cristo

Publicado en Presente por Pedro Castro Ortega en 29 Diciembre 2008

Estos dos últimos días han sido de reflexión intensa. De repaso de este año. Mejor dicho: de la última mitad de mi vida. En estas señaladas fechas caes en la cuenta de que lo único que nos rodea es prisa, desenfreno y abusos de todo tipo. No dejamos tiempo, siquiera un cuarto de hora, para el silencio y la reflexióncruz1 personal. Para respirar un poco más pausadamente y volver la mirada hacia nuestro interior.

Hoy quiero decir que creo en Cristo. Y que esta creencia, esta fe, es un camino difícil. No es nada fácil vivir en la fe de Cristo. Normalmente nos equivocamos, pecamos de materialismo, de consumismo excesivo, de mirar hacia otro lado en vez de ayudar, elegimos la comodidad personal antes que la implicación por y para los otros. Yo el primero, yo he olvidado el camino y he elegido lo cómodo: pasar de todo y darme por agnóstico. Elegimos dejar a Dios de lado y así todo se nos deforma. Esta elección vital es una mentira. A mí me lo dice el corazón, porque he vivido en ella. Porque me he olvidado de Él y sólo he visto oscuridad. Yo soy el primero que me equivoco, cometo mil errores, pero hoy, precisamente hoy me doy cuenta, caigo en la cuenta de la verdad: no hay que tener miedo a Cristo. Mucho tiempo ya de indolencia, de indiferencia, de abulia, de arrogarme la vida para mí creyéndome que así iba a encontrar vida. No: hay que empezar a cambiar, hay que dar vida. Durante mucho tiempo di todo lo que pude para los demás en la medida en que podía desde mi situación personal y mi posición profesional. Sabía que no era nada fácil dar y que siempre se podía dar más o hacerlo mejor. Tropezaba mucho pero lo intentaba. Tuve momentos de verdadera satisfacción solamente por el hecho de que al desprenderme de un poquito de mí daba verdadera ayuda a la persona que tenía enfrente y que manifestaba sus preocupaciones y sus problemas. Aquel tiempo terminó y caí en una etapa de oscuridad total. De introspección y de olvido. Aun hoy no he salido de las tinieblas. Me cuesta mucho. Decidir olvidar a Cristo no ha sido lo mejor. Y para empezar no está mal decirlo así, bien claro: quiero decir que creo en Cristo.

No será fácil volver a reencontrarme, volver a abrirme, volver a ser más relación. Es posible que las personas que me conocen tengan una percepción distinta, pero el único que sabe cómo se siente mi alma soy yo. Y mi alma se apartó de Dios y solo ha encontrado dolor y arrepentimiento. No será un camino fácil, pero en algún momento había que decirlo y empezar, de nuevo, a caminar.

Dice Joseph Ratzinger en su libro Mirar a Cristo:

«Ningún hombre puede habitar en la tristeza. Pero si el fondo del alma es la tristeza, se llega necesariamente a una continua huida del alma de sí misma, a una profunda inquietud. El hombre tiene miedo de estar solo consigo mismo, pierde su centro, se convierte en un vagabundo intelectual, que siempre se está alejando de sí mismo. Síntomas de esta inquietud vagabunda del espíritu son la verbosidad y la curiosidad. El hombre al hablar huye del pensamiento. Y puesto que se le ha quitado la visión hacia lo Infinito, busca insaciablemente sustitutos.»

Etiquetado con:

Escribe un comentario