Prosario

Cartas a Meredith (4)

Publicado en Cartas a Meredith por Pedro Castro Ortega en 19 Abril 2009

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Mi descuidada Meredith:

Ayer creí adivinar rumores entre voces dispersas. No sé lo que es escuchar a hurtadillas, y confieso mi torperza cuando he de intervenir en las conversaciones de los demás. Pero fue tan inevitable que caí en la trampa. Y escuché palabras que, de verdad, comenzaron a perturbarme. No soy yo de los que buceen en los murmullos, pero se me aceleró el pulso.

Y decidí marcharme a casa y decírtelo.

Han puesto una flor marchita, como de jaspe, dentro de tu taquilla. Le han pegado un papel muy bonito en la puerta con una leyenda que dice:

«Aquí hacía Meredith su trabajo. Te queremos y, sobre todo, te respetamos. Tus compañeros.»

Y a la cerradura le han puesto un candado plateado y muy apropiado también.

Tú y yo sabemos, Meredith, estés donde estés, que el desasosiego nos corrompe. Por eso, en parte, te fuiste. Por eso ahora, descuidadamente y sin nada que perder, tus compañeros se aprietan la corbata y se estiran la falda delante de tu inesperado altar. Cual peana de esas que tú misma vilipendiabas. El destino es…

¿Qué es el destino, Meredith?

Tu, ahora, seguro que lo sabes. Ahora sabes incluso aquello que siempre supiste y sabes con toda certeza la verdad que te atravesó sin pudor alguno mientras viviste aquí. Ahora, allá, la verdad no es absoluta. Ni tuya. Ni mía. Ni de nadie. Simplemente es. Aunque sea mentira. ¿Es aburrida la eternidad Meredith?

Aquí espero, a veces entre lágrimas, una inesperada sonrisa tuya.

T y V se han hecho muy amigos, amigos de verdad. Uno y otro parecen haber escapado a esa maldita reclusión a que estaban sometidos. Ahora se ven de vez en cuando y, desde la última vez que acabaron, ya de madrugada, han hecho muy buenas migas.

V ha consolidado su complemento, T ayuda en el laboratorio, se recupera y, según me atrevo a creer, se atisba una salida a su aislamiento. Ya sabes lo unido que estaba a ti. Y yo, yo me conformo con que de vez en cuando cuenten conmigo para alzar nuestras copas acariciando la aurora.