Universidad Laboral de Cheste (2)
Bien, veo que Cheste es importante. Sobre todo para los más antiguos. Me gusta. Y lo echo de menos. En serio, es así…
Fuimos un viernes tarde a la casa del jefe de residencias. Allí donde se quedaba algunas noches por obligación. Hacía curva la vivienda, cerca de la capilla.
En fin, la cosa es que le pedimos la llave de uno de los gimnasios para entrar por la noche, después de cenar. Pasaron semanas hasta el atrevimiento. No recuerdo exactamente cómo fue. Al final ocurrió. Nosotros éramos internos.
Nosotros éramos distintos. Y ocurrió. Nos dejaron una llave. Yo era el responsable (seguramente porque fui responsable de otros cubículos de los cuales algún día hablaré) de abrir y de cerrar. De preocuparme que únicamente jugaríamos a fútbol sala. Nada más. Y así fue. Impresionante. Las gradas estaban vacías aquel viernes de finales de noviembre aproximadamente a las ocho y media de la tarde (ya habíamos cenado, por supuesto; frugalmente además…)
Y dimos rienda suelta a nuestra adicción. Reyes por un tiempo. Los viernes y sábados por la noche (el domingo no se permitía tal extravío).
Partido en el gimnasio. Un gimnasio cubierto. De primera categoría. Auténtico. Si ya lo era de día, lo era más de noche… Además ¡estábamos solos! ¿Confiaban en nosotros…? Sí, por fin confiaban en nosotros.
Y nos rompíamos, a muerte, nos desgastábamos. Batalla de placer con el balón en un recinto cubierto, paradigma de algún que otro sueño.
El segundo fin de semana lo hicimos con música. Bastaba un radiocassette estéreo. Y alguien lo llevó y lo instaló en lo alto de la grada. ¡Cómo sonaba!
Y jugábamos. Un gran fútbol sala jugábamos. Era nuestra historia.
Volvíamos entre sudores a la residencia, tocando la luna. Alguien se encargaba de la alargadera, de recoger cables. Me costaba cerrar la puerta del gimnasio. No se veía apenas. Volvíamos henchidos de placer y dormíamos con gusto en nuestras antiguas literas.
Felices hasta que fuera domingo.
Once años
Porque el amor consta a través de mis arterias,
porque te espero más allá de cualquier parada,
porque mis escapadas acaban en tu presencia,
porque se desterraron aquellos nimbos
y amaneció tu escultura entera.
Porque estás aquí aunque yo no esté nunca,
porque las idas son las venidas,
porque tú eres tú con yo y un conmigo inexplicable.
Queremos definir la palabra amor y no podemos.
Queremos demostrar mucho más de lo que sentimos,
y, muchas veces, no podemos.
Queremos manifestar completamente nuestro contenido…
y no podemos.
Y no podemos siempre caer en la cuenta de que existimos
para, así, ir siempre recordándonos y no olvidarnos de nuestra finitud.
Por eso el amor es más grande y triunfa,
mi amor deviene en grandes flujos que me recorren y te atrapan.
Ahora es tranquilo y suave, ahora podemos palpar sus rutas.
Allá irá contigo para tumbarse bajo aquellas simas inabordables.
Allá quiero ir donde tú estés y permanezcas.
Donde permanentemente encontremos nuestras manos.
Universidad Laboral de Cheste
Yo
me dejo la piel en las aulas. Repito hasta la saciedad las propiedades, por ejemplo, de las potencias. Yo noto como el sudor, realmente, recorre mi cuerpo y mis vísceras. Y yo sé que no puedo hacer otra cosa que amar lo que hago. Pero mis alumnos, cada año que pasa, no sé por qué, son ¿más infantiles? ¿más inmaduros?
Recuerdo cuando se levantaban aquellos mastodontes ante mis ojos, aquellos bloques de hormigón armado. Al principio sentí incapacidad, luego rabia, luego… Soy lo que soy. Esos muros marcaron mi persona. Voy cambiando, voy…
Entonces yo respetaba enormemente a mi profesora de matemáticas, independientemente de lo que enseñara… Yo sé que nos quería transmitir algo… ¿vida? Hubo profesores infames, hubo lugares donde extirpar la soledad, hubo de todo.
Nosotros somos una generación extraña, somos algo que se escapa a una realidad que ya lo era al principio de los años ochenta.
Nosotros estábamos en otro estado. En otro mundo. En el mundo de la azoteas increíbles, de las almohadas sin pausa, del tiempo retrotraído, de la vida forjándose sin saber cómo… Nosotros somos una generación sin nombre. Somos supervivientes a un estatus que nuestros padres y madres sufrieron. Somos el último ejemplo que este país dio a una forma de entender la educación en una dictadura y que se mantuvo bastantes años después de la transición.
Yo me dejo la piel en las aulas. Yo repito lo que hay que hacer miles de veces. Imito a profesores que tuve en la Universidad Laboral de Cheste (Valencia). Allí, no en la facultad, aprendí prácticamente todo lo que soy.
De Granada hablaré luego, en otro momento…
deja un comentario